jueves, 8 de enero de 2009

Pero ¡qué frío!


Ayer me dispuse a salir a correr una hora por la tarde sobre las 19.30h y de paso estrenar los Reyes (chaqueta técnica Adidas, cronómetro Timex-Ironman y iPod). Con lo que no contaba era con la temperatura que hacía en el exterior, unos -7ºC. Ningún problema, me preparo bien: música de El Columpio Asesino, mallas, calcetines térmicos y tres capas de abrigo, aunque sin guantes. El objetivo es ir a un ritmo alto desde el principio para pasar el menor frío posible. A los cinco minutos me doy cuenta que necesitaba haberme puesto unos guantes. Empiezo a pensar en por qué no me habría comprado los Under Armour de 20 euros que tanto me gustaron y que ví el día 31 de diciembre en el Corte Inglés de Castellana. El domingo me los compro sin falta, además estarán rebajados. A la media hora, me empiezo a dar cuenta de que tengo la braga que utilizo para taparme la cara congelada por mi propio aliento. Me preocupo. Tengo que volver cuanto antes a la ciudad para no quedarme tirado en mitad del campo. Subo el ritmo, me encuentro fino, voy bien. Llego a casa en el menor tiempo que nunca había hecho ese recorrido. Ducha caliente. Nunca más debería correr con esas temperaturas.

Hoy por la mañana, con -6ºC y olvidado el pequeño susto de ayer por la tarde, me dispongo a jugar con mi padre al golf. Pensamos que el campo va a estar cerrado. Nos tendremos que conformar con dar algunas bolas en el campo de prácticas pero no, increíblemente, está abierto. No hay nadie jugando. Todo el campo para nosotros. Es una gozada... Hasta que te das cuenta que está todo helado y que es imposible dejar la bola en el green o que el palo rebota en el suelo sin poder hacer una "chuleta". Además, las manos empiezan a perder calor golpe tras golpe. En el hoyo 4 tengo las dos manos congeladas, sobretodo la derecha que no lleva guante. No puedo ni escribir en la tarjeta. Doy buenos golpes, creo que porque al no sentir las manos hago los movimientos exclusivamente con el tronco. Aún así necesito llegar al hoyo 9 para irme a casa. No soy capaz de agarrar los palos con las manos. Los tres últimos hoyos son un suplicio, no sé ni como los termino. Tengo las manos agarrotadas, duras, congeladas. Agua caliente, té, guantes y calefacción para intentar entrar en calor.

No aprendo. Todavía ahora, 12 horas después de acabar, sigo con la mano derecha con incómodos hormigueos. Me preocupa pero creo que mañana no iré a jugar al golf, lo intentaré el sábado, tal vez vaya a correr, eso sí, con guantes.

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